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amatxu
El blog para amatxus, aitatxus y bebés

14/09/2009 GMT 1

Periodo de adaptación

amaiaaparicio @ 14:08

Mi pequeña ha empezado el cole. Tiene dos añitos y la pobre empezó su vida estudiantil con 5 meses y medio... por aquel entonces lo llevó muy bien, y al año siguiente, pero este año...
el lugar nuevo, profesoras y niños nuevos... lo bueno es que en la reunión que tuvimos, muchas madres se quejaban de que el periodo de adaptación era excesivo e innecesario,... a mi me parece necesario y escaso.

Muchos niños no se han separado de sus padres en esos dos años, y los que sí, ahora cambian de centro, profesores y compañeros... Lo que pasa es que somos egoistas por naturaleza, y miramos más el hecho de que es un rollo y un trastorno para los padres estos días, ya que compaginar la adaptación con el trabajo es muy difícil. pero es que el periodo de adaptación es para los niños y niñas, no para los padres...

29/07/2009 GMT 1

Grupo de lactancia y crianza en Berango o Getxo

amaiaaparicio @ 12:05

Hola, como sabéis soy una gran interesada en estos temas, y estoy deseando formar un grupo de lactancia y crianza en Berango o Getxo, ya que esta zona no tiene ningún apoyo de este tipo (todo lo contrario...)
si alguna se anima... ya sabeis!!!

13/07/2009 GMT 1

Acidos grasos leche materna reforzarían desarrollo de prematuros

amaiaaparicio @ 10:51

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- Los ácidos grasos omega 3 de la leche materna reforzarían el crecimiento y el desarrollo de los bebés prematuros inmediatamente después del parto.
Un equipo de investigadores en Brasil realizó un estudio sobre 37 bebés prematuros y halló que cuantos más ácidos grasos omega 3 tenía la leche materna, mayor era el aumento de la talla, el peso y la circunferencia de la cabeza del bebé en los primeros seis meses de vida.
Los resultados demuestran la importancia del consumo de omega 3 de la madre durante el embarazo y la lactancia, publicó la edición en internet de la revista Lipids in Health and Disease.
"Los ácidos grasos poliinsaturados de la alimentación pasan a la leche materna y, por lo tanto, al bebé", escribió el equipo de la doctora María G. Tavares do Carmo, de la Universidad Federal de Río de Janeiro.
Sería particularmente importante para los bebés prematuros, que suelen tener niveles bajos de grasas omega 3 en sangre al nacer, recibir la cantidad suficiente a través de la leche materna.
Las grasas omega 3 son vitales para el desarrollo del cerebro y de los ojos, tanto antes de nacer como durante los primeros años de vida. La leche materna contiene grasas, pero las concentraciones dependen de la dieta de la mujer.
La principal fuente alimentaria de los omega 3 es el pescado graso, como el salmón, la caballa, las sardinas y el atún. Pero dado que los pescados grasos suelen tener también mercurio, que es tóxico para las células nerviosas en desarrollo, las mujeres no deberían consumir demasiada cantidad durante el embarazo y la lactancia.
En Estados Unidos, las autoridades de salud recomiendan que las mujeres embarazadas y que están amamantando no coman más de dos porciones por semana. Deberían además evitar por completo ciertos pescados con altos niveles de mercurio, como el tiburón, el pez espada y la caballa.
Otras fuentes de omega 3 son las semillas de lino, el aceite de canola y la nuez.

30/06/2009 GMT 1

La Iniciativa Hospital Amigo de los Niños apuesta por la musicoterapia prenatal

amaiaaparicio @ 12:40

MIHMITA
La Iniciativa Hospital Amigos de los Niños (IHAN), puesta en funcionamiento por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y UNICEF, se suma a la aplicación de la musicoterapia en la etapa gestacional al considerarla una vía eficaz para establecer el vínculo afectivo entre madre e hijo. Con este motivo, ofrece una conferencia informativa el lunes, día 15 de junio, a las 18.30 horas, en el salón de actos CAI, a cargo de la especialista Ana Isabel Ripa de la Concepción.
La IHAN trabaja en el fomento y la promoción de la terapia musical o musicoterapia, una alternativa que favorece el establecimiento del vínculo materno-filial ya en la etapa gestacional. La aplicación de este proceso transmite al bebé sensaciones agradables y relajantes, pero además, proporciona a la madre un embarazo más saludable, armonioso y consciente.
La iniciativa quiere inaugurar esta nueva línea de trabajo con la organización de una conferencia informativa, “Musicoterapia para embarazo, parto y nacimiento”, a cargo de la musicoterapeuta Ana Isabel Ripa de la Concepción. La charla está destinada a mujeres embarazadas en cualquier periodo de gestación, pero también está abierta a padres y a todas aquellas personas interesadas en el tema, que contarán, además, con los recursos y el apoyo de IHAN.
La Federación Mundial de Terapia Musical define este método como la utilización de la música y/o sus elementos por un musicoterapeuta profesional, con un paciente o grupo, en un proceso diseñado a promover y facilitar la comunicación, la interacción, el aprendizaje, la expresión, etcétera.
La terapia musical (MT), aplicada durante la gestación, ofrece múltiples y diversos beneficios: mejora la calidad del embarazo y favorece el control del dolor que sufre la futura mamá durante las contracciones propias del parto. A través de la musicoterapia, el bebé por nacer se inicia en la relación con melodías que reconocerá dentro del útero y que, una vez nacido, lo calmarán remitiéndolo a ese estado placentero que vivió durante la gestación. En el nacimiento, estas melodías actuarán reduciendo el nivel de ansiedad de la futura madre y el estrés neonatal, favoreciendo así la lactancia. Ante los embarazos de alto riesgo, esta terapia ayuda a que la madre adquiera más confianza en sí misma y minimiza las posibilidades de una depresión post-parto.
Los especialistas coinciden en que la música más beneficiosa es toda aquella que le cause placer a la mamá, puesto que el objetivo es que la madre transmita a su bebé una sensación placentera mientras comparten la escucha o la madre utiliza su voz.
La musicoterapia es un proceso que se puede trabajar con parejas. En este sentido, se convierte en un espacio de construcción personal donde se promueve el crecimiento individual de la pareja y sus relaciones vinculares.
En el grupo de terapia musical prenatal, las mujeres embarazadas trabajan la respiración, la relajación corporal, visualizaciones, experiencias sensoriales, el movimiento, la postura en el canto y la proyección de la voz a través de vocalizaciones que permitirán tomar poco a poco confianza con la voz, con sus cualidades expresivas y comunicativas. El contacto con el grupo permite también compartir emociones, dudas, alegrías y encontrar un espacio de calor y contención.
La excelente trayectoria académica y profesional de la experta Ana Isabel Ripa de la Concepción supone un aval que garantizará el éxito del trabajo de IHAN mediante la musicoterapia y demás iniciativas relacionadas con este tipo de actividades. Ripa de la Concepción es titulada superior de Música por el Conservatorio Superior de Música de Aragón, y musicoterapeuta por la Universidad de Zaragoza. Además, forma parte de la Asociación de Profesionales de Musicoterapia. Inició su carrera profesional en el campo de la pedagogía musical infantil, donde desarrolló una especial inquietud por el poder transformador de la música. Aquí halló su vocación más natural y enriquecedora. Es especialista en Musicoterapia Prenatal y Pediatría y, ahora, también trabaja en la aplicación de la musicoterapia en paliativos, oncología y psiquiatría.
Más Información;
Gabinete de prensa de la IHAN
Belén Royo 687 41 27 59

Educación para combatir el asma infantil

amaiaaparicio @ 11:04

CONSUMER
Una buena intervención educativa puede reducir el riesgo de las visitas a urgencias y hospitalizaciones en niños asmáticos
El asma sigue siendo la enfermedad crónica más habitual entre la población infantil. Un estudio australiano ha revelado que una buena intervención educativa, constituida por un programa integral de atención al niño asmático y sus cuidadores, podría reducir de forma significativa las visitas al hospital, así como su coste sanitario.
Una intervención educativa adecuada en niños con asma puede reducir en un 27% el riesgo de visitas a los servicios de urgencias y en un 21% la tasa de hospitalizaciones. Es la conclusión a la que ha llegado un grupo de investigadores del Royal Children's Hospital de Herston (Australia), encabezado por Michelle Boyd. El control y gestión de esta enfermedad registra costes muy elevados, aseguran los investigadores. Sin embargo, las evidencias del estudio sugieren que las hospitalizaciones podrían disminuir con una educación efectiva sobre esta enfermedad bronquial crónica y su manejo para padres y niños.
Esta educación incluye enseñar a los pacientes cómo controlar el flujo respiratorio y mostrar a los cuidadores la importancia de hacer cambios ambientales en el hogar como, por ejemplo, la eliminación de los disparadores del asma (polen y moho del exterior, los ácaros del polvo del hogar, la piel de gatos, perros y roedores y las plumas de pájaros). Dar respuesta rápida a los principales síntomas (respiración dificultosa, silbidos ocasionales en el pecho, opresión torácica o tos) antes de que se conviertan en una emergencia asmática es también esencial.
Programas educativos
Para el trabajo, el grupo australiano realizó una revisión sistemática de ensayos clínicos (38 en total) sobre formación en asma para niños que habían concurrido a un servicio de urgencias por crisis asmáticas, con o sin hospitalización, en los 12 meses previos. La revisión incluyó un total de 7.843 niños. Los resultados del análisis muestran que, además de reducir las visitas a urgencias y el riesgo de hospitalizaciones, la educación proporciona una disminución de la necesidad de hacer visitas no programadas con el pediatra.
El objetivo primordial de los programas de educación es conseguir la máxima autonomía personal con la ayuda de la familia
Por tanto, los programas que incluyen instrucciones para el manejo del asma mejoran la eficacia del tratamiento integral, ya que conlleva menor pérdida de días de absentismo escolar o de actividad restringida (como el deporte), mejorando en consecuencia la calidad de vida de los más pequeños. Esta enseñanza debe ser suministrada, sobre todo, por el profesional de la salud, que realiza un tratamiento integral para cada niño. El proceso educativo ha de iniciarse en el mismo momento del diagnóstico. Para ello, probablemente, deberán superarse dificultades, como la falta de aceptación de la enfermedad por parte tanto del niño como de los padres, falsas expectativas de curación inmediata, el nivel social y cultural del afectado y de su familia u otros problemas emocionales.
El objetivo primordial de la instrucción es conseguir la máxima autonomía personal con la ayuda de la familia: ausencia de síntomas y crisis, lograr que el niño lleve una vida normal (incluido el deporte), mantener la función pulmonar dentro de los límites normales, prevenir la limitación crónica del flujo aéreo y evitar los efectos secundarios de la medicación usada en el asma y cuando sea posible eliminar la medicación.
Asimismo, estos programas deben incluir información para conocer mejor el asma, métodos para monitorizar sus síntomas, revisiones médicas periódicas para su evaluación y la revisión del tratamiento, un plan de acción escrito individualizado (autocontrol o ajuste de medicación por el propio paciente en caso de empeoramiento de asma) y medidas de control ambiental.
Guías de manejo práctico
Su manejo práctico debe ser indispensable en la consulta del pediatra si se tiene en cuenta que el asma es la causa más común de enfermedad crónica en niños. En concreto, los silbidos en el pecho en los primeros años de vida afectan a un tercio de la población infantil. Además, son los profesionales quienes deben proporcionar la información a los pacientes y sus familias. Por este motivo, a finales de 2007 la Organización Médica Colegial (OMC), avalada por el Ministerio de Sanidad y Consumo, publicó la primera "Guía de Buena Práctica Clínica en Asma Infantil".
Aparte de servir de guía para formar e informar al médico, estableciendo unos criterios mínimos de actuación consensuados científicamente y avalados por especialistas, la publicación incluye un capítulo de programas formativos y educativos. Destaca la importancia de educar a la población acerca de la enfermedad, de su evolución y de seguir de manera correcta un tratamiento, en ocasiones de forma mantenida, para controlar de manera eficaz los síntomas.
A mediados de 2008 salió a la luz un protocolo internacional para abordar el manejo del asma infantil con el título PRACTALL, una iniciativa de las sociedades de alergia norteamericana y europea, incluida España. Su objetivo principal es unificar la forma de diagnosticar y tratar la enfermedad en todo el mundo. La guía también incluye un apartado específico dedicado a la educación como punto clave para el buen manejo de la enfermedad.
NO SON ADULTOS
Tanto la guía de manejo práctico presentada por la Organización Médica Colegial (OMC) como el protocolo PRACTALL remarcan la necesidad de elaborar un tratamiento individualizado del asma en la población infantil. Muchos médicos extrapolan el tratamiento de adultos a niños sin tener en cuenta que no responden de la misma manera. Sin embargo, es importante que esta patología sea tratada de forma específica por pediatras y especialistas en neumología infantil.
Una terapia apropiada durante la infancia hará posible que el pronóstico de la enfermedad en muchos niños sea más favorable. Por el contrario, un tratamiento normalizado puede generar un gran impacto económico al no resultar efectivo.

18/06/2009 GMT 1

La angustia de la separación. Carlos González

amaiaaparicio @ 12:11

La relación entre madre e hijo es especial; y durante los primeros años la separación es dolorosa para ambos. Bueno, no sé si la separación deja alguna vez de ser dolorosa para la madre...

¿Por qué siempre “madre e hijo”? No, no estoy olvidando el importante papel del padre, ni mucho menos participando en una obscura conspiración para mantener a las mujeres en sus casas. Para hablar con absoluta propiedad, cada niño establece una relación especial con una “figura de apego primario”. Esa figura puede ser el padre, o la abuela, o hasta la monjita del orfanato. Pero en todo caso sólo es una, y casi siempre es la madre. Como “figura de apego primario” es largo y feo, en lo sucesivo diré simplemente “madre”.

A partir de su relación con la madre, el niño establecerá más adelante otras relaciones con otras figuras de apego secundarias: padre, abuelos, hermanos, amigos, maestros, novio, compañeros de trabajo, jefes, cónyuge, hijos... Cuanto más sólida y segura es la relación con la madre, más sólidas y seguras serán las demás relaciones que el individuo establezca a lo largo de su vida.

Esta relación entre madre e hijo se mantiene por una serie de conductas de apego instintivas, tanto en una como en otro. La conducta del recién nacido es completamente instintiva, aunque con el tiempo va aprendiendo a modificarla en el sentido que marcan las pautas sociales. La conducta de la madre es en gran parte aprendida; pero por debajo siguen estando unos sólidos instintos. No cuida usted a sus hijos porque se lo hayan explicado en el curso de preparación al parto, ni porque se lo inculcaran en el colegio, ni porque lo recomienden en revistas como esta... hace millones de años, las mujeres (o lo que había antes) ya cuidaban a sus hijos, y la prueba es que todavía estamos aquí. Ningún niño puede sobrevivir si alguien no le cuida, protege y alimenta durante largos años, con infinita dedicación e infinita paciencia.

Habitualmente, las creencias, costumbres y normas sociales van en el mismo sentido que el instinto, y no hacen más que matizarlo o encauzarlo. Pero cuando las normas nos obligan a vivir en contra de nuestros instintos surge un conflicto. Si alguna vez, en el cuidado de su hijo, se ha sorprendido a sí misma pensando algo así como: “Se me parte el corazón, pero hay que hacerlo”, o “Pobrecito, qué pena da, pero es por su bien”, probablemente es que está usted luchando contra sus más íntimos deseos.

Los niños pequeños no pueden consolarse con ese tipo de razonamientos. Sencillamente, cuando su instinto va por un lado y el mundo por otro, se enfadan muchísimo.

La reacción a la separación

Tanto la madre como el niño muestran, decíamos, una conducta de apego, una serie de actividades tendentes a mantener el contacto. La conducta de apego de la madre consiste en acercarse a su hijo, tomarlo en brazos, hablarle, hacerle carantoñas... La conducta de apego del niño, al principio, consiste en llorar y protestar. Más adelante podrá gatear o caminar hacia su madre. Funciona por el mismo mecanismo que la conducta alimentaria: cuando necesitamos comida tenemos una sensación desagradable, el hambre, que nos mueve a comer, y cuando comemos esa sensación desaparece y nos encontramos bien. Pues cuando madre e hijo se separan se sienten mal; el niño llora y la madre le busca. Cuando vuelven a encontrarse desaparece aquel malestar; madre e hijo se tranquilizan y dejan de llorar.

Cuando nuestras felices antepasadas sentían la necesidad de acercarse a su hijo, simplemente se acercaban. Probablemente sólo estaban separadas de sus hijos de forma ocasional y accidental. Aún hoy, una gran parte de las madres del mundo llevan a su hijo a la espalda durante todo el día, y luego duermen a su lado durante toda la noche. Las madres occidentales, y no sólo cuando trabajan fuera de casa, tienen muchas más oportunidades para experimentar la ansiedad de la separación. En algunos ambientes, la madre que pasa mucho rato con su hijo es criticada; se insiste en que reserve tiempo para sí misma, para su marido, para actividades sociales (en las que, por supuesto, llevar a un bebé sería de muy mal gusto). La ansiedad de la madre que debe separarse de su hijo durante unas horas, para ir al teatro o al restaurante, es un tema habitual de las telecomedias: los complejos preparativos, las inacabables instrucciones a la canguro, las llamadas telefónicas, el precipitado regreso...

La reacción del bebé, por su parte, no está en principio mediada por factores culturales. El recién nacido se comporta igual ahora que hace un millón de años. Pero los niños aprenden pronto, y adaptan su conducta a las respuestas del entorno. Por ejemplo, un bebé al que sistemáticamente se ignora, al que nadie coge en brazos cuando llora, acaba por no llorar. No es que se esté acostumbrando, ni que haya aprendido a entretenerse solo, ni que se le haya pasado el enfado; en realidad, se ha rendido, se ha dejado llevar por la desesperación.

La intensidad de la respuesta a la separación depende de muchos factores:

1.- La edad del niño. Los menores de 3 años toleran mal las separaciones; los mayores de 5 años suelen tolerarlas bien.

2.- La duración de la separación. Las separaciones prolongadas (varios días seguidos sin ver a la madre) pueden producir un grave trastorno mental, el hospitalismo (así llamado porque era frecuente en niños hospitalizados cuando no se permitían las visitas), caracterizado por depresión y desapego afectivo.

Basta con una separación muy breve para desencadenar una conducta específica (“salgo un minuto de la habitación y se pone a llorar como si le estuvieran matando”). El método habitual en psicología para valorar la relación madre hijo, alrededor del año de edad, es el llamado “test de la situación extraña”. Consiste, básicamente, en que la madre salga de la habitación en la que está con su hijo mientras éste está distraído, dejándolo en compañía de una desconocida, permanezca fuera de la habitación tres minutos, y vuelva a entrar. El niño con un apego seguro, en cuanto nota la ausencia de la madre, la busca con la mirada, se dirige hacia la puerta, con frecuencia llora. Cuando la madre vuelve a entrar la saluda, se acerca a ella, se tranquiliza rápidamente y sigue jugando. Los niños con un apego inseguro o ansioso se clasifican en dos grupos: elusivos o evitantes (parecen tranquilos mientras la madre no está, y la ignoran deliberadamente cuando vuelve, disimulando su propia ansiedad) y resistentes o ambivalentes (se alteran cuando la madre no está, pero cuando vuelve se muestran agresivos con ella y tardan mucho en volver a la normalidad).

Mucha gente confunde fatalmente los síntomas: llaman “caprichoso” o “enmadrado” al niño que tiene una relación normal con su madre, mientras que elogian al que muestra un apego ansioso elusivo: “se queda con cualquiera”, “no molesta”, “se entretiene solo”...

Una separación de sólo tres minutos ya tiene un efecto claro, y la respuesta depende de la relación previa con la madre; de si el niño está acostumbrado a que le atiendan y le hagan caso, o a que le ignoren, o a que le riñan.

Las separaciones más largas y repetidas producen una reacción más intensa. Incluso los niños con un apego seguro pueden mostrar conductas evitantes o ambivalentes cuando la madre vuelve del trabajo. Pueden ignorarla, negándole el saludo y la mirada; o bien colgarse de ella como una lapa y exigir constante atención, o incluso mostrarse agresivos. Es muy probable que alternen las tres conductas en rápida sucesión. Es importante que los padres comprendan y reconozcan que estas conductas son normales. No hay que tomárselo como algo personal, su hijo no ha dejado de quererla ni nada por el estilo. No está enfadado contra usted; está enfadado por su ausencia. Enfadarse con él, devolver el desdén con desdén o la ira con ira, intentar técnicas educativas para modificar la conducta del niño, no es más que una pérdida de tiempo. Ya que puede estar pocas horas con él, al menos dedique esas horas a prestarle atención y cariño, a demostrarle que le sigue queriendo igual aunque él esté enfadado. Tómelo en brazos, cómaselo a besos, juege con él, recarguen baterías antes de la próxima separación.

3.- La frecuencia de las separaciones. Tras una primera experiencia, el niño parece desconfiado, exige atención constante, como si vigilase a la madre temiendo que se vuelva a ir, y puede reaccionar aún peor la próxima vez.

4.- La persona que substituya a la madre. Si es alguien a quien el niño conoce bien, que le presta atención y le trata con cariño, como el padre o la abuela, el niño puede soportar bastante bien unas horas de ausencia de la madre.

5.- La calidad de la relación previa con la madre. Entre los menores de tres años, los que tienen una mejor relación con la madre son los que más parecen sufrir con la separación; en el otro extremo, los niños desatendidos hasta bordear el abandono apenas reaccionan cuando su madre se va. Un observador muy superficial puede pensar que el niño está “tranquilo”, o incluso “feliz”; en realidad, lo que ocurre es que está tan mal que ya no puede estar peor; no pierde nada cuando se va su madre, y por tanto no le importa. Por desgracia, las madres escuchan a veces consejos como “no lo cojas en brazos, no le des el pecho, no juegues tanto con él... si se acostumbra, sufrirá más cuando tengas que volver a trabajar”. Pero así el sufrimiento es mayor, y desde el primer día; lo único que disminuye es la manifestación externa de ese sufrimiento. No, al contrario, dele a su hijo todo el cariño y todo el contacto físico que pueda, durante todo el tiempo que pueda. Que tenga el mejor comienzo.

Después de los tres años, y sobre todo de los cinco, ese buen comienzo da frutos manifiestos. Son entonces los niños que habían tenido una relación más intensa con su madre, más brazos, más contacto, más juegos, los que mejor se adaptan a la separación. Porque el cariño ilimitado de los primeros años les ha dado la confianza en sí mismos y en el mundo que necesitan para iniciar el camino de la independencia. Ahora sí que están contentos en la escuela, y es verdadera felicidad y no simple apatía, una felicidad basada en la seguridad de que su madre volverá y les seguirá queriendo.

La conducta de apego (el llanto y las protestas del niño separado de su madre) tiene un valor adaptativo. Es decir, a lo largo de millones de años, ha tenido un efecto, mantener juntos a la madre y a su hijo, efecto que ha favorecido la supervivencia de los niños y por tanto de los genes que regulan dicha conducta. Cuando la conducta de apego alcanza su efecto se refuerza; es decir, se repite con mayor intensidad y frecuencia. Cuando no produce efecto se debilita y puede llegar a extinguirse. El primer día que usted vaya a trabajar, será probablemente la separación más larga de su hijo desde que nació.

Hasta ahora, cuando él se encontraba solo, lloraba, y alguien aparecía en pocos minutos y le cogía en brazos; normalmente usted, a veces papá o abuela. Si el niño no se consolaba en pocos minutos con otra persona, usted siempre acaba por aparecer, tal vez tardaba media hora si había salido a comprar...

Pero hoy, haga lo que haga su hijo, usted no volverá en ocho o diez horas. En el mejor de los casos, si está con la abuela o con otra persona que le puede prestar atención exclusiva, esa persona vendrá a consolarle en pocos minutos. Si está en una guardería puede llorar durante mucho rato sin que nadie le coja en brazos; la cuidadora tiene ocho niños y sólo dos brazos. Los primeros días puede que su hijo llore bastante. Pero su llanto no tiene la respuesta esperada; mamá no vuelve. El niño aprende que, en determinadas circunstancias, llorar no sirve de nada, y poco a poco deja de hacerlo. Pero eso no significa que la separación ya no le afecte; las separaciones repetidas, recuerde, producen una angustia cada vez mayor, que no se manifestará mientras la madre está ausente, sino precisamente cuando la madre vuelve. Entonces las protestas del niño sí que tienen (por fortuna) la respuesta esperada.

Dicho de otro modo: el niño puede estar bastante tranquilo en la guardería, o con la abuela. Puede estar incluso, si tiene suficiente edad, contento y activo, jugando y riendo. Pero cuando vuelve a ver a su madre rompe a llorar, se le echa encima, se pega a sus faldas, grita, le exige brazos, se enfada con ella, le pega, vuelve a llorar... Lo que se suele llamar “ponerse muy pesado”.

Como de costumbre, algunas personas lo entienden todo al revés. Si en la guardería estuvo jugando, es que no le pasa nada. Y si, no pasándole nada, luego se pone a llorar, es que tiene cuento o hace teatro. Y si hace teatro precisamente con su madre es porque ésta se deja tomar el pelo y no sabe imponer disciplina, y él pretende hacer que se sienta mal, castigarla por haberse ido.

¿Qué debería hacer entonces el pobre niño para demostrar que sí que le pasa algo, que no es comedia? ¿Pasarse seis, ocho o diez horas seguidas llorando en la guardería? Por favor, nadie puede hacer eso, por grande que sea su dolor. Imagínese que acude al funeral de un buen amigo. Seguro que pasa un rato muy triste, y en algún momento busca el contacto de un amigo común, se abrazan y lloran. Pero al cabo de unas horas estará tomando un café, tal vez con ese mismo amigo común, y hablarán de cosas sin importancia, y sonreirá, y esa misma noche cenará y verá la tele, y al día siguiente irá a trabajar como si nada, y nadie en el trabajo sabrá que viene usted de un funeral, y alguien contará un chiste, y usted se reirá. ¿Significa eso que no le pasa nada, que su dolor no era sincero, que sólo hacía comedia? Pero no hace falta recurrir a ejemplos tan extremos, pues también la madre sufre cuando se separa de su hijo pequeño. ¿Acaso no se le partió el corazón cuando lo dejó por la mañana? ¿No ha pensado varias veces en él, qué hará, cómo estará, habrá llorado mucho? ¿No ha venido lo antes posible a recogerlo? Y, sin embargo, ¿no ha pasado la mañana trabajando normalmente, disimulando su dolor, hablando con la gente, sonriendo? Pues su hijo ha hecho lo mismo.

No es raro que el niño llore más a medida que va creciendo. A los 5 meses estaba tranquilo en la guardería, y tranquilo en casa. A los 14 meses llora cada mañana porque no quiere ir, y pasa las tardes de muy mal humor. Por un lado, como dijimos, la repetición de las separaciones aumenta la angustia. Pero, sobre todo, el niño de 5 meses no puede sentarse, no puede hablar, no puede gatear... sus posibilidades de expresar la angustia son menores, pero eso no significa que esté menos angustiado.

A veces, este cambio es relativamente brusco. Un niño que parecía bien adaptado a la guardería de pronto se resiste con uñas y dientes tras las vacaciones de Navidad o de verano. Creo que en estos casos influyen dos factores: por un lado, la relación con su madre ha mejorado mucho en esas semanas; ha sido tan feliz en su compañía que ahora la pérdida es más evidente. Por otro lado, los niños pequeños no comprenden muy bien eso de las vacaciones. Simplemente, se había acostumbrado a aceptar algo como inevitable, Mamá siempre se va a trabajar, y de pronto ve que no es inevitable. “Si la semana pasada se quedó conmigo, ¿por qué no puede quedarse también esta semana?”.

Con quién dejaré a mi hijo

Si la madre tiene que ausentarse, para ir a trabajar o simplemente para ir a comprar el pan, alguien tendrá que substituirla (es muy peligroso dejar a un bebé o a un niño pequeño solo en una casa, aunque sea poco rato). ¿Qué características debería cumplir esa persona?

1.- Alguien que pueda dedicarle al niño tanto tiempo como le dedica la madre. Por supuesto que la madre no le dedica cada minuto de su tiempo: va al lavabo, habla por teléfono, prepara la comida... Pero cuando el bebé está despierto, pasa mucho rato mirándole a los ojos, diciéndole cosas, tocándole, cantándole... y también mucho rato saludándole desde lejos, diciéndole alguna cosa al pasar para mantener el contacto. Si el niño llora, la madre puede acudir en pocos minutos (a veces, en pocos segundos), y dejar cualquier otra cosa para tenerlo en brazos todo el tiempo que haga falta. La persona que la substituya, ¿tendrá tiempo material para hacer lo mismo?

2.- Alguien a quien el niño conozca. El padre es ideal, y la abuela (o el abuelo, que cada vez están más espabilados) u otros familiares también suelen serlo, si han tenido suficiente contacto previo con su hijo. Pero los niños no sienten “la llamada de la sangre”; si nunca ha visto a su abuela, es tan desconocida como cualquier otra persona.

Muchas madres intentan acostumbrar a su hijo a los biberones una semanas antes de volver al trabajo. Es un esfuerzo inútil, que suele conducir a la frustración (¿por qué iba a aceptar un biberón, si está allí el pecho de su madre?). No pierda el tiempo con eso; lo realmente importante es acostumbrarlo a la persona que le cuidará. Si va a ser la abuela, que venga o vayan a visitarla casi cada día. Si va a contratar a una cuidadora que venga a casa, contrátela con un par de semanas de antelación. Si va a llevarlo a la guardería, vaya con su hijo las últimas semanas.

Vaya con su hijo; esa es la clave. No estamos hablando de dejarlo solo con la canguro o en la guardería, y volver al cabo de una hora, y otro día al cabo de dos horas... Eso tal vez sea un poco mejor que dejarlo ocho horas de golpe; pero muy poco mejor. Lo que está haciendo en realidad es adelantar la separación en dos semanas, y desperdiciando parte del precioso tiempo que aún le queda para estar juntos.

No. Se trata de que la canguro venga a casa y estén las dos con su hijo, o de que vaya usted a la guardería y permanezca allí con él una o dos horas. Si su hijo conoce a la nueva cuidadora, o el nuevo ambiente de la guardería, precisamente cuando más angustiado está porque se ha separado de usted, es probable que asocie esas sensaciones desagradables al nuevo lugar o a las nuevas personas.

Vamos, que les cogerá manía. En cambio, las personas y lugares a las que conoció en momentos de felicidad (es decir, estando con usted) le traen recuerdos agradables que le ayudan a soportar la separación. Y también se abre camino en su cabecita una vaga idea de que “esta señora es amiga de Mamá, puedo confiar en ella”.

Es posible que aún queden guarderías en que no permitan la entrada de la madre. En mi opinión, la negativa a que la madre entre en la clase en cualquier momento que ella elija, y permanezca junto a su hijo durante todo el tiempo que ella desee, sería motivo suficiente para empezar a buscar otra guardería.

3.- Alguien estable. No es bueno que un niño pequeño pase de mano en mano. Tanto las abuelas como las guarderías suelen cumplir este requisito de estabilidad; pero si contrata a una canguro, asegúrese de que realmente piensa dedicarse durante años a cuidar de su hijo, y no está simplemente buscando un empleo de verano.

4.- Alguien en quien pueda confiar plenamente. Que trate a su hijo con cariño y respeto, que jamás le haga daño. Del padre, de los abuelos, de los tíos, usted ya sabe, por experiencia de años, qué puede esperar. Pero dejar a su hijo en manos de una desconocida requiere un acto de fe, y este es otro motivo por el que conviene que no sólo su hijo, sino usted misma, conozca a esas personas durante un par de semanas, y valore durante horas su conducta hacia el bebé.

Por desgracia, de vez en cuando se descubren casos de malos tratos o abusos sexuales. No tenga miedo a parecer obsesiva o desconfiada; tiene usted todo el derecho del mundo a desconfiar, a pedir referencias, a hablar largo y tendido con esa persona y “examinarla” (“¿crees que es bueno cogerlos en brazos?” “¿qué harás cuando llore?” “¿y si no quiere la papilla?”). Al fin y al cabo, le está usted confiando su bien más preciado, su propio hijo, y en el momento en que es más vulnerable. Si no se atreve a dejarle a esa persona las llaves de su casa, las llaves de su coche o su tarjeta de crédito, ¿cómo se atreve a dejarle a su hijo?

La persona que cuide a su hijo debe tener también la madurez y experiencia necesarias. Una adolescente puede ser adecuada para hacer compañía a un niño de seis años mientras usted va al cine; pero cuidar a un bebé no es lo mismo.

Las opciones en la práctica

1.- Abuelos y otros familiares. Deben tener, por supuesto, ganas de encargarse de su hijo, y salud y fuerza suficiente para hacerlo. A veces vemos abuelas auténticamente explotadas, la palabra es dura pero real.

En el otro extremo, algunas madres podrían dejar a su hijo con un familiar deseoso de cuidarlo, pero no se atreven por temor a parecer “aprovechadas”. En algunos casos, una forma de superar esta situación es pagar por el cuidado de su hijo, como pagaría si lo llevase a la guardería. Así puede obtener una buena atención para su hijo sin sentir que se aprovecha, y al mismo tiempo puede ayudar económicamente a unos abuelos con una pensión escasa o a una hermana en paro sin ofenderles.

2.- Alguien que venga a casa a cuidar a su hijo. Puede ser una amiga o conocida que necesite un trabajo. Para buscar a una profesional, una buena opción es a través de una guardería. Allí van las estudiantes de puericultura a hacer prácticas, y pueden recomendarle a alguna.

3.- Llevar a su hijo a casa de otra persona. En ocasiones, tres o cuatro amigas con niños de edades similares se ponen de acuerdo, una cuida a todos los niños mientras las otras trabajan, y comparten sus ganancias. En algunos países, los gobiernos facilitan y subvencionan estos arreglos. En España, algunos ayuntamientos, como el de Sant Feliu de Guixols, promueven un servicio de cuidadoras de niños, haciendo cursos de formación y dando a las cuidadoras un diploma.

4.- Llevar a su hijo a una guardería. En el momento actual, esta suele ser la opción menos recomendable, pues por desgracia la legislación española permite ocho niños menores de un año por cuidadora, y muchos más después del año, lo que es absolutamente incompatible con una atención adecuada. Incluso una persona cariñosa, experimentada y dedicada no tendrá tiempo material para cuidar a ocho bebés. Sólo en darles de comer y cambiar pañales se le pasará casi todo el tiempo. En Estados Unidos, la ley sólo permite cuatro niños por cuidadora, y muchos expertos consideran que eso es excesivo y que debería reducirse a tres.

El problema, por supuesto, es económico. Las guarderías no se inventaron para satisfacer una necesidad de los niños, sino una necesidad del sistema capitalista, que necesita el trabajo de los padres para mantener niveles de producción y consumo adecuados, y por tanto algo hay que hacer con los niños. En Bielorrusia, donde las madres disfrutan de una licencia de maternidad de tres años (recuerdo del sistema comunista), no hay guarderías. ¿Quién iba a querer instalar una?

Por lo tanto, el razonamiento no ha sido: “los niños necesitan tanto espacio, tantas cuidadoras, tantos materiales... todo esto cuesta tanto dinero, vamos a ver de dónde lo sacamos”, sino al revés: “disponemos de tanto dinero, vamos a ver para qué nos llega”. Y la cantidad de dinero disponible es sólo, por definición, una pequeña parte de lo que gana la madre, porque si no no le saldría a cuenta ir a trabajar. Y en nuestra sociedad las madres suelen ganar menos que los padres. Así que sólo llega para grupos sobrecargados a cargo de cuidadoras mal pagadas (las puericultoras de la guardería deberían ganar más que los profesores de universidad, puesto que están haciendo un trabajo más difícil, más delicado y más importante).

Esta aberración se extiende por toda la sociedad, contribuyendo a desprestigiar el cuidado de los niños: La hora de faenas domésticas se paga mejor que la hora de cuidado de niños (¿qué es más importante, que le dejen el suelo bien limpio o que atiendan bien a su hijo de un año?). La madre que toma la costosa (pues no cobra) decisión de dedicarse plenamente a cuidar a sus hijos durante meses o años no es más que una “maruja”, y muchos en su entorno se asombran o se compadecen de ella porque “no hace nada” o “renuncia a su carrera”. En cambio, la que trabaja fuera de casa “se realiza”, sea cual sea ese trabajo: escribir a máquina durante horas, meter sardinas en una lata o incluso cuidar a ocho bebés en una guardería.

Si necesita llevar a su hijo a una guardería, visite varias y compruebe cuántos niños hay en cada una, cómo les tratan, el carácter y la simpatía de las señoritas, si dejan entrar a la madre... Si trabaja lejos de casa, si tiene que pasar cada dia una hora en el tren o el autobús, le conviene una guardería cercana a su lugar de trabajo: así puede estar una hora más con su hijo al ir, y otra al volver, y tal vez incluso visitarle a la hora del bocadillo.

Cómo recuperar lo perdido

Ofrézcale a su hijo todo el cariño, el contacto físico y la atención que pueda durante todo el tiempo que pueda, por las tardes y en los fines de semana. Acepte su conducta como normal, reconozca que sus llantos, protestas y exigencias no son “caprichos” ni indicios de malcriamiento, sino pruebas de amor.

Muchos bebés parecen iniciar espontánemente un programa de “reducción de daños”. Mientras su madre no está, se pasan casi todo el rato durmiendo y no comen nada o casi nada, ni siquiera aceptan la leche que su madre se sacó y les dejó en la nevera. Luego pasan la tarde y la noche en danza y enganchados a la teta. Es agotador, pero al mismo tiempo un gran consuelo para la madre, que piensa “es como si no me hubiera ido, no me echó de menos porque estaba durmiendo”. Muchas madres que trabajan deciden meterse al niño en la cama por la noche; es la manera más fácil de satisfacer las necesidades de pecho y contacto de su hijo, y al mismo tiempo dormir lo suficiente para poder mantener la cordura. Recuerde, el meollo de la conducta de apego, lo que su hijo instintivamente necesita, es su presencia. Incluso una madre dormida le sirve, al menos por la noche. Ya ha tenido la tarde para mirarle a los ojos, hablarle, jugar con él... ahora puede dormir tranquila, que su hijo ya se tranquilizará solito cuando se despierte y la vea a su lado.

Bibliografía:

Bowlby J. Child Care and the Growth of Love. 2ª ed. Penguin Books, London, 1990

Small MF. Nuestros hijos y nosotros, Javier Vergara editor, Barcelona 2000

Jackson D. Three in a bed, the benefits of sleeping with your baby. Bloombsbury Publishing, London, 1999

Un estudio afirma que la lactancia mejora las calificaciones estudiantiles

amaiaaparicio @ 12:10

Washington, 15 jun (EFE).- Los bebés que reciben leche materna en sus primeros meses generalmente tienen mejores notas que los que se alimentan con biberón, aseguró un estudio publicado hoy por la revista Journal of Human Capital.
Su mejor rendimiento escolar básico también se traduce en mayores posibilidades de buenas calificaciones en los estudios secundarios y en la universidad, agregó.
El estudio, realizado por profesores de la Universidad Americana y de la Universidad de Colorado, analizó el rendimiento de 126 niños que fueron amamantados con un número similar alimentado solo con biberón.
Según los científicos, la investigación determinó que por un mes de lactancia esos niños registraron un mejor rendimiento medio en la escuela secundaria de 0,019 puntos.
Por otra parte, las probabilidades de lograr el ingreso a la universidad aumentaron también en una media de 0,014 puntos.
"Los resultados de nuestro estudio sugieren que los beneficios intelectuales y de salud (de la lactancia) pueden tener como resultado beneficios educacionales de largo plazo para los niños", señaló Joseph Sabia, de la Universidad Americana y uno de los autores de la investigación.
Publicado por F. Zeraus Tador

09/06/2009 GMT 1

La leche materna mejora sus nutrientes con el transcurso del tiempo

amaiaaparicio @ 10:30

Si bien continúa la discusión en torno al período ideal de
amamantamiento, un estudio afirma que con el correr de los meses la
leche materna se vuelve más rica en calorías y contenido graso.
Cuando un bebé nace, siempre los pediatras recomiendan a las mamás
amamantar a sus hijos, sobre todo en los primeros meses de vida. ¿Pero
qué sucede cuando este hábito se prolonga más allá del año? ¿Es
beneficioso o contraproducente para el niño?
Un estudio realizado recientemente por médicos de la Universidad de
Tel Aviv, en Israel, determinó que los períodos de lactancia más
prolongados son beneficiosos para el bebé porque le otorgan una leche
más rica en contenido graso y energía.
Para la investigación, el equipo de especialistas analizó y comparó el
alimento extraído de 61 mujeres divididas en dos grupos. El primero,
conformado por 27 de ellas, alimentó a sus bebés con leche materna por
un periodo de entre dos y seis meses, mientras que las 34 madres
restantes lo hicieron durante un lapso de entre 12 y 39 meses. En
ambos grupos, tanto la frecuencia de amamantamiento como el peso y
edad de los bebés eran similares. Sin embargo, la edad y el peso de
las madres difería según a qué grupo pertenecían.
Al cabo de aproximadamente tres años , los investigadores pudieron
determinar que el contenido graso de la leche materna administrada por
el primer grupo era del 7 por ciento, mientras que el del alimento
administrado por más tiempo, por las madres del segundo grupo, fue del
11 por ciento.
Asimismo, hallaron que un litro de leche administrado durante un año o
más, les aporta a los niños 880 calorías, mientras que si el período
de lactancia es menor, la cantidad baja a 740 calorías.
El doctor Dror Mandel, máximo responsable del estudio que está
publicado en la reciente edición de la revista médica Pediatrics,
señaló: “lo importante de esta investigación es que es la primera vez
que se analiza el valor nutricional de la leche en períodos de
lactancia prolongados. Luego de nuestra experiencia, creemos que
amamantar a los bebés durante un año o más, puede aportarles más
energía y nutrientes, debido a que la cantidad de leche es más
concentrada durante más tiempo”.
Si bien actualmente no hay acuerdo sobre la cantidad de tiempo que se
recomienda la lactancia, los investigadores sugieren que entre seis
meses y un año “sería el tiempo óptimo para poder brindarle al niño
toda la protección necesaria contra infecciones y enfermedades”.
Respecto de estudios anteriores que sugerían una conexión entre
períodos de lactancia prolongados y el riesgo de padecer enfermedades
cardíacas, los investigadores afirman que “es necesario controlar los
nutrientes y aportes de la leche materna durante un tiempo prolongado
para evaluar los efectos, pero desde nuestro estudio podemos afirmar
que no se advirtieron efectos adversos de la lactancia. Sin embargo,
lejos de indicar un período ideal, sugerimos que cada madre, junto con
su médico, evalúe lo más conveniente”.
Consultado por Pro-Salud News acerca de los beneficios de la
lactancia, el doctor Diego Montes de Oca, médico pediatra del equipo
del Centro Pediátrico Juncal, señaló que “la leche materna es
importantísima no sólo porque ayuda al vínculo entre el recién nacido
y su madre, sino porque además contribuye a evitar infecciones a
través del traspaso o transmisión de anticuerpos. Por otra parte,
durante el embarazo la mujer se prepara para la lactancia, por lo
tanto, lo ideal es que el primer alimento del bebé sea la leche
materna”.
En cuanto a la extensión del tiempo de la lactancia, el especialista
especificó que “lo mejor es mantener la leche materna como alimento
exclusivo hasta los seis meses, pero esto depende del aumento de peso
que presente el bebé. Luego de ese período, debe comenzar a
complementarse la alimentación”.

01/06/2009 GMT 1

Magnesio y flúor durante el embarazo

amaiaaparicio @ 12:06

CONSUMER
Las necesidades nutricionales de la mujer aumentan durante el embarazo a consecuencia de un ascenso de los requerimientos energéticos, como la demanda de algunos micronutrientes (vitaminas y minerales). Dentro de los minerales se incluyen el magnesio y el flúor, ambos con un papel muy importante en esta etapa de la vida. Una alimentación variada y equilibrada cubre las necesidades que precisa la madre.
El magnesio es un mineral con importantes funciones en el organismo: interviene en la transmisión de los impulsos nerviosos y en la actividad muscular, en el aprovechamiento de los nutrientes que contienen los alimentos y en el buen funcionamiento del corazón. Además, forma parte de la matriz del hueso y juega un papel primordial en la relajación muscular. Por este motivo, la deficiencia de magnesio durante el embarazo se puede acusar con calambres en las piernas, sobre todo por la noche.
El flúor es un micromineral cuyos requerimientos se ven ligeramente aumentados durante esta etapa de la vida de la mujer. Durante el embarazo, la acidez bucal aumenta y los dientes necesitan una atención y cuidados especiales que eviten su desmineralización y la aparición de caries dental. El flúor juega un papel relevante en la prevención de caries de la mujer gestante.
Magnesio y embarazo
Los requerimientos de magnesio se establecen en 350 miligramos diarios en el caso de los hombres y en 300 miligramos en el de las mujeres. Habitualmente, la ingesta de este mineral se sitúa entre los 250 y 400 miligramos al día, por lo que en principio no sería necesario el aporte de magnesio a través de suplementos. Sin embargo, durante el embarazo las necesidades de este mineral aumentan, al igual que sucede con otros nutrientes. Es necesario incrementar la ingesta de magnesio en 100 miligramos adicionales al día, por lo que los requerimientos de este mineral para la mujer embarazada se sitúan en 400 miligramos diarios.
Por lo general, no es preciso tomar suplementos, puesto que una dieta variada y equilibrada es capaz de aportar a la mujer embarazada la cantidad diaria de magnesio que necesita. En caso contrario, será un experto quien deba valorar la necesidad de ingerir suplementos.
Calambres durante la gestación
Durante el embarazo es común que aparezcan calambres en las piernas, sobre todo por la noche. Las causas de este incómodo trastorno son múltiples, si bien una de ellas puede tener relación con la falta de magnesio. En ese caso, la solución sería mejorar su aporte a través de la dieta. El pescado y el marisco, las hortalizas y las verduras, los frutos secos y los granos integrales son algunas de las mejores fuentes dietéticas de magnesio. Asimismo, el agua también es buena fuente de dicho mineral. Algunas aguas envasadas, las más concentradas en magnesio, aportan en torno a 50 miligramos por litro.
Flúor y embarazo
El flúor es un mineral que el cuerpo necesita en pequeñas cantidades, por lo que recibe el nombre de micromineral, junto a otros como el cinc, el yodo o el selenio. Aunque el organismo lo precise en pequeñas cantidades, no significa que su presencia en la dieta no sea relevante. De hecho, un aporte deficiente de flúor puede ocasionar la aparición de caries, ya que este micromineral, además de ser un elemento importante en la formación y mantenimiento de los huesos, participa también en la formación del esmalte dental.
El agua, el té, el pescado, los mariscos y algunas verduras como las espinacas y la col son los alimentos más ricos en flúor. Utilizar pastas dentífricas fluoradas es otra manera de aportar flúor a los dientes.
Flúor para la madre
Durante el embarazo, la acidez de la cavidad bucal aumenta, por lo que los dientes necesitan una atención y cuidados especiales que eviten su desmineralización y la aparición de caries. Sin embargo, durante los primeros meses del embarazo el cepillado de los dientes puede acentuar las náuseas, por lo que en algunos casos se descuida, lo cual favorece la aparición de las caries.
Para evitarlo, lo correcto sería realizar un correcto cepillado (después de las comidas, aunque sea un poco más tarde de lo habitual) y evitar en lo posible alimentos dulces y pegajosos que se adhieran a los dientes y activen la acción de las bacterias que deterioran el esmalte y contaminan con caries.
Y PARA EL BEBÉ…
Las deficiencias nutricionales que puedan darse durante el embarazo no sólo afectan a la salud de la madre sino también a la del bebé. Una dieta desequilibrada puede provocar enfermedades bucales en la madre y en el niño, quien puede padecer problemas de dientes mal calcificados, así como alteraciones en el esmalte dental. Para evitar la aparición de estos problemas es importante tener en cuenta que el desarrollo dental del bebé va a comenzar desde el primer mes de embarazo. Por ello, es importante que para su correcta formación la dieta de la madre incluya las cantidades necesarias no sólo de flúor sino también de calcio, magnesio, fósforo y vitaminas A, C y D.

27/05/2009 GMT 1

mirad que chulo!!!

amaiaaparicio @ 11:01

http://www.youtube.com/watch?v=ZFx_U-YLwW0&feature=player_embedded

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